Uno podría entender cuando una persona que no adhiere a la fe cristiana critica y defenestra a nuestros medios. Pero realmente se torna un tanto incómodo y hasta doloroso que parte-o gran parte- del pueblo cristiano está, hoy por hoy, lejos de sentarse a escuchar un programa cristiano. Y lo alarmante de la situación no pasa por una cuestión de gustos, sino de oferta, calidad y perfiles que entregan nuestros medios de comunicación, en particular las radios.

Radios que no compiten

Todo es una cuestión de mercado. Cuando hay demanda, es porque la oferta es buena. Pero lo cierto es que actualmente no existe ninguna radio cristiana que sea indiscutible o que tenga programación competitiva. Si analizamos que estas radios tienen un alcance limitado, que por categoría otorgada por el ente que las regula no debiera sobrepasar los 10 km a la redonda, no encontramos tampoco ninguna que sea líder en su zona de influencia, comparándolas con las demás radios locales.
Para quien diga lo contrario, como muestra, basta con enumerar las publicidades: ¿Cuántos avisos hay que no pertenezcan a algún negocio, empresa o servicio cuyo prestador es miembro de la iglesia a la que pertenece esa radio? La respuesta cae de madura.
La oferta que tienen muchas de las radios no satisface ni siquiera su propia congregación. Y digo esto porque por lo general, las radios pertenecen a una iglesia determinada, donde el pastor de esa iglesia es el director, y donde si él no tiene sus horas y horas de prédica al aire, pareciera que la radio no es radio. Sucede que la congregación escucha la prédica de su pastor en la iglesia, pero en su casa… ¡Quiere escuchar radio!
Y ante la excusa de que los de “afuera” son los que tienen que escuchar la palabra de Dios “predicada” por la radio, podemos rebatir sin mucho esfuerzo que los de “afuera” mucho menos nos escuchan, porque necesitan una especie de decodificador para entendernos.

Calidad: ese artículo de lujo en las emisoras cristianas

Entonces, ¿Qué hacemos? Simple. En primer lugar, quien tome la responsabilidad de estar adelante -y también detrás- de un micrófono, debiera capacitarse. Tenemos muchas entidades educativas privadas y públicas (en Argentina) donde estudiar alguna carrera de comunicación. Y para los que no tienen tiempo de hacer una carrera, hay numerosas opciones de cursos, seminarios intensivos, carreras a distancia y otras formas de capacitación que no lleva mucho tiempo hacerlos, pero que, seguramente, le aportarán a nuestros proyectos radiales la calidad que buscamos y, por sobre todo, que busca el  oyente que deambula por el dial. Si por un minuto pensáramos en la responsabilidad que significa manejar un medio, nos detendríamos un poco más en la posibilidad de estudiar, porque si se pudieran hacer demandas por mala praxis radial, creo que todos estaríamos haciéndole frente a una, cuanto menos.

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