Educativa

Principalmente en tiempos trágicos, todos quieren dejar un mensaje, sus formulaciones teológicas, acusaciones  y soluciones. Pero la biblia nos da una voz de alerta que el que habla mucho aumenta la posibilidad de equivocarse. Algunos bromean cuando dicen que la propia anatomía del cuerpo nos enseña esa verdad. No tenemos dos oídos y una boca por azar. Debemos  oír más  y hablar menos. O, según el dicho popular, “en boca cerrada no entra mosca”. El apóstol Santiago Capitulo 1:v 9, “Por esto, mis hermanos, todo hombre sea presto para oír, y tardo para hablar, tardo para airarse”.

Por eso, el hablar no siempre es la mejor opción. Sobre todo cuando no se sabe de qué se habla. El patriarca Job en el capítulo 42:3: dijo Hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía” Muchas veces la mejor palabra de consolación se da sin sonido, Apenas con lágrimas. La palabra de Dios dice además “lloren con los que lloran”.

Dados los momentos es torpe tratar de elucidar todo los por qué y dar razones a lo inexplicable. Hay que ser sensible para darse cuenta de que existe “momento de callar y de hablar”(Eclesiastés 3:7)

A sí que le propongo prestemos más atención y hablemos menos. Recuerde las palabras de un sabio: En las muchas palabras no falta el pecado; más el que refrena sus labios es prudente. (prov. 10.19)

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